Más claro que el agua

La calidad del agua de la piscina, es un tema importante tanto para disfrutar de un baño en buenas condiciones, como para prevenir futuras reparaciones de piscina. Cuando hablamos de calidad del agua de la piscina, pensamos básicamente en los niveles de PH, en la dureza, y en la alcalinidad del agua. El PH es […]

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La calidad del agua de la piscina, es un tema importante tanto para disfrutar de un baño en buenas condiciones, como para prevenir futuras reparaciones de piscina.

Cuando hablamos de calidad del agua de la piscina, pensamos básicamente en los niveles de PH, en la dureza, y en la alcalinidad del agua.

El PH es una medida que nos indica la acidez, y la cantidad de iones de hidrógeno presentes en el agua. Si el nivel de PH es superior a 8, el cloro pierde su efectividad, y puede provocar formaciones de microorganismos en las paredes de la piscina y puede afectar al filtro de la piscina.

La dureza del agua en la piscina, es un indicador que nos muestra la cantidad de sales de magnesio y calcio que contiene el agua. La dureza del agua ideal oscila entre 150 y 250 ppm (partes por millón). Un agua muy dura, puede provocar incrustaciones calcáreas, agua turbia y disfunciones en los circuitos del agua en la piscina.

La alcalinidad del agua, es un indicador que nos muestra la cantidad de sustancias alcalinas (carbonatos, bicarbonatos e hidróxidos) que se encuentran en el agua de la piscina. Estas substancias actúan como reguladoras del PH.  Los valores más habituales en una piscina, están entre los 125 y 150 ppm.

El mantener unos niveles correctos de estos tres indicadores, nos asegura en un alto grado, una buena calidad de agua en la piscina, y en consecuencia menos reparaciones de piscina.

Una vez más, el cuidado y buen mantenimiento de la piscina, es una opción recomendable para ahorrar y disfrutar de nuestra piscina en las mejores condiciones.